Estrés y su influencia en el ciclo menstrual

¿Alguna vez a lo largo de tu vida has pasado por una época estresante y has observado cambios en tu ciclo menstrual? La mayoría de nosotras o lo hemos vivido en primera persona o conocemos a alguna amiga o familiar que le ha pasado…

Por eso, hoy me gustaría explicarte cómo puede afectar el estrés a tu ciclo menstrual, pero antes de comenzar: ¿Sabes lo que es el estrés?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el estrés como «el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara el organismo para la acción».

 Se trata de un sistema de alerta biológico necesario para la supervivencia. El estrés puede aparecer ante cualquier cambio que se nos pueda presentar en nuestras vidas, como cambiar de trabajo, con una mudanza, al hablar en público…

Por tanto, tener un cierto grado de estrés estimula el organismo y permite que podamos alcanzar nuestros objetivos, volviendo a nuestro estado basal cuando el estímulo desaparece. El problema surge cuando esta sensación perdura en el tiempo. Se puede llegar a producir un estado de agotamiento, con posibles alteraciones funcionales y orgánicas.

Durante la respuesta al estrés, nuestro cuerpo prioriza las necesidades básicas y los proyectos a largo plazo quedan relegados a un segundo plano como: la digestión, el crecimiento y la reproducción (este último se refleja en nuestro ciclo menstrual).

En condiciones normales, cuando nuestro cuerpo dispone de energía suficiente, nuestro cerebro (más concretamente el hipotálamo) se comunica con nuestros ovarios mediante las hormonas para “activar” el funcionamiento del ciclo menstrual (esta comunicación es conocida como el eje hipotálamo-hipófisis-ovarios).

En condiciones normales, la liberación de estas hormonas se da de forma pulsátil. Por ello, cuando nos enfrentamos a situaciones estresantes, que además son sostenidas en el tiempo, nuestro eje se ve afectado por el eje que libera las hormonas del estrés como el cortisol (eje hipotálamo-pituitaria-gonadal).

¿Pero cómo afecta al ciclo menstrual?

A nivel hormonal se ha visto puede llegar a provocar diferentes cambios como:

  • Disminución de la GnRH
  • Aumento de la Prolactina
  • Disminución de Estrógenos
  • Disminución de Progesterona

En muchas ocasiones además, el estrés puede acompañarse de alteraciones en el descanso nocturno o insomnio, esto favorece a que las hormonas del estrés se mantengan elevadas y de esta forma se puede crear un círculo vicioso que será necesario romper para mejorar nuestra salud.

Todos estos cambios que hemos nombrado, a nivel hormonal podemos verlos reflejados en el patrón de nuestro ciclo menstrual.

En algunas mujeres, podrá observarse en forma de irregularidad del ciclo menstrual, bien sea por tener una ovulación más tardía o un ciclo anovulatorio. En otros casos directamente puede desaparecer el ciclo menstrual (amenorrea) durante varios meses. También puede darse el caso de que aparezca spotting (que son manchados/pérdidas entre ciclos).

Por último, también aclarar que hay casos en los que las mujeres no observan irregularidad en la duración del ciclo menstrual, pero si experimentan menstruaciones más dolorosas, más abundantes o síndrome premenstrual.

En definitiva, el manejo del estrés no es únicamente necesario para poder gozar de una buena salud menstrual y fertilidad, sino que es imprescindible para mejorar la calidad de vida de las mujeres y una de las cosas que nos puede ayudar a manejar y reducir los niveles de estrés es proporcionarnos autocuidados de una forma consciente.

Pero… ¿Sabes a lo que me refiero cuando hablo de autocuidados?

Quizás te parezca muy evidente, es más, la palabra habla por sí sola: AUTO-CUIDADOS (cuidados hacia mí misma). Profundicemos un poco sobre esto, ya que la teoría la sabemos, pero llevarla a la práctica puede ser una tarea difícil.

No podemos olvidarnos que la sociedad, nos invita a producir constantemente, a desconectarnos de nosotras mismas y focalizarnos en el mundo exterior, por estos motivos, los autocuidados requieren de conciencia y autoconocimiento.

Para mí, los autocuidados comienzan respondiendo a las siguientes preguntas de forma honesta y sincera:

  • ¿Qué necesito yo?
  • ¿Qué me produce bienestar?
  • ¿Qué me produce placer?
  • ¿Qué me produce plenitud?

También significa tomar acción para poder potenciar mi bienestar

En realidad, los autocuidados pueden ser tan diversos y abarcar tantos ámbitos de nuestra vida que podrían ser infinitos. A continuación, te voy a describir y dar algunos ejemplos de cómo los clasifico:

Autocuidados emocionales: aceptar y acoger tus emociones, acudir a psicoterapia, practicar la gratitud, perdonarse, practicar la autocompasión, llorar si sientes que lo necesitas…

Autocuidados físicos: dormir, descansar, movimiento corporal consciente, alimentación intuitiva y flexible, exposición solar moderada, tener rutinas de aseo e higiene…

Autocuidados sociales: establecer límites, sentirse amada, saber pedir ayuda, no forzar relaciones ni amistades, sentir comunidad…

Autocuidados intelectuales: estudiar, leer, escribir, pintar, dar espacio a la creatividad, cultivar la mente del principiante…

Autocuidados espirituales: meditar, conectar con la naturaleza, el silencio, el autoconocimiento, no hacer nada…

Todo esto son ejemplos de maneras de practicar el autocuidado de diferentes formas, pero no podemos olvidarnos que quizás para una persona meditar puede ser un acto de autocuidado y en cambio para otra puede significar todo lo contrario.

Tu autocuidado variará dependiendo de tus necesidades, contexto y experiencias.

Si sientes que necesitas ayuda, busca un profesional y haz tu camino más fácil, por mi parte estaré encantada de poder acompañarte si necesitas quieres cuidar tu ciclo menstrual con cambios en tu estilo de vida (incluyendo los autocuidados).